Primer Derecho Fundamental

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Los sábados, me apunto.

Castillos del aire


La vida transcurre con prisa, atolondrada por el ritmo frenético de la actividad diaria; sin embargo, hay espacios invisibles en cada persona, refugios transparentes donde el tiempo se detiene a meditar.

Aquellos que moran en castillos del aire, permanecen esclavos de la vida invisible. Desaparecen en la bruma de la noche, solitarios, y de vez en cuando atraviesan la frontera del sueño emergiendo como el cadáver de un ahogado, asombrados de haber despertado a un mundo que es de otros.

Las tres Españas. (2º parte)


La comunidad está revuelta. Parece que una exposición prolongada a nuestras teorías da lugar a insolaciones teóricas que devienen inevitablemente en acciones prácticas no deseables: hemos creado la bestia. Habita los sótanos de la casa, pues aunque no compartimos sus correrías y andanzas fuera de estos muros, siempre tendrá un techo donde cobijarse en los días fríos y un plato de alimento cuando tenga necesidad. No podemos olvidar que es parte de nuestra sangre. No supimos al principio cómo controlar a la bestia. Algunos pretendieron recluirla en la oscuridad, hasta que su fuerza se diluyese, otros abogaban por domesticarla. Los que mandamos, convinimos en apartado cónclave que podía ser un instrumento muy útil para conservar el muro intacto, y desarrollar nuestras ambiciones secesionistas con respecto a los terrenos vecinos. Con el paso del tiempo la hemos cogido cariño, convirtiéndose en la mascota insustituible cuyo dueño ama y perdona, el entorno familiar entiende, y el vecino soporta y odia hasta que no puede aguantar más..

Me ha salido un competidor nato en esto de intentar quedarme con las casas ajenas. Al principio observé con cierto escepticismo cómo intentaba arrasar mi casa. Luego, intenté combatirle con sus mismas armas, partiendo en su busca con algunos perros de confianza, pero no supe llegar hasta su cubil. Mi estrategia de confrontación con la bestia cambió desde entonces, echando mano a tres herramientas fundamentales de mi decálogo revolucionario: el pragmatismo, la equidistancia, y la demagogia. La integridad de mi casa no es algo que me preocupe en demasía, pues lo que legítimamente he obtenido, legítimamente lo puedo disponer, negociar, dividir o perder, es cuestión de convertir la amenaza en oportunidad. La practicidad de esta medida es evidente, por mucho que algunos vecinos crean en la indisolubilidad y unidad de sus casas. No me afecta. Considero una fórmula viable pactar en términos de igualdad con mis vecinos, ya que son extremos opuestos en los que yo no puedo dejar de mantener una cierta distancia, no vaya a ser que me confundan como objetivo prioritario. La bestia no debe confundirse, entonces. Me sorprende, de hecho, que se le escape algún mordisco, pero son las desventajas de tener una casa tan abierta, plural, y democrática. La demagogia es consustancial a mi vida progresista. No podría mantener la coherencia de mi postura si no estuviera envuelta de ropajes apropiados para cada ocasión. Y ésta, es una de las mejores.

Al principio creí que era una bestia salvaje, nacida en lo más profundo de la amargura y el odio, pues su única intención es destruir. Arremetía contra el jardín y la casa, arrastrando los parterres recién plantados, quemando las cosechas, destrozando los corrales y devorando el ganado. Me planteé seriamente subir al desván y desempolvar la vieja escopeta del abuelo, pero comprendí a tiempo que eso sólo me iba a traer más alimañas en una espiral sin sentido. Podía salirme el tiro por la culata. Las reglas que rigen en mi casa deben ser suficientes para acabar con la amenaza. Aun así, siempre es bueno saber que se cuenta con una última opción para todo. Opté por seguirla despacio, observando sus querencias, las bañas donde bebe, la madriguera donde descansa. He descubierto de dónde procede y cuáles son sus intenciones. Y me doy cuenta que mis iniciativas para cortar las vías de escape de la bestia chocan frontalmente con los muros de mi vecino del Norte. Es allí donde llamo insistentemente para que tomen medidas, pero me exigen que dialogue con el monstruo. Les he recordado que tengo derecho a entrar en su casa, pues se levantó en terrenos comunes, con procedimientos, materiales y recursos compartidos, pero se niegan. Así están las cosas. Volví a mi casa decidido a dar caza a la bestia y encerrarla de por vida, pero soy consciente de la dificultad que entraña: Es necesario garantizar que no se le dé cobertura y apoyo, y que no vuelvan a aparecer otras, y eso compete directamente a mis vecinos del Norte. Rezo para que no pase a ser mi responsabilidad.

Las tres Españas.


(Libre adaptación del cuento: Los tres cerditos.)

He construido mi casa sobre nuevos pilares, aunque presumo sin rubor de la antiquísima técnica con que fueron tratados..Provienen del valle remoto en el que vivo, guardián de mis antepasados y frontera natural que me protege de los otros. Procuro que sea una construcción sólida, de muros herméticos y resistentes, con la sana intención de que no pueda escaparse mi calor, ni sea posible, asimismo, entrar su frío. Hay pocas ventanas, las estrictamente necesarias. Mucha luz puede llegar a ser incompatible con la necesaria contemplación y adoración de los valores sagrados que se procuran estimular en esta casa. El recogimiento, la meditación y la constante exposición del patrimonio familiar nos recuerda diariamente el objetivo último de nuestros desvelos: el cultivo del hecho diferencial. Sin eso, no somos nada. La autosuficiencia de los que pertenecen a mi clan, está enraizada al desarrollo de mi lengua, de mi historia, de mi cultura.. Todo se mezcla, se combina, se tamiza y reproduce bajo el prisma integrador de la comunidad elegida. Cuando el electorado llama a nuestra puerta, elegimos cuidadosamente quién es el que puede pertenecer a la familia y le exhortamos a la integración forzosa, amenazándole con la ignominia y vergüenza que supone no pertenecer a la hermandad de la raza, con el destierro, y a veces, con la muerte.

Mi casa está situada a la izquierda de cualquier sitio, y preferentemente, suelo elegir las que son de los demás. Y es que mi ideología sostiene la primacía del colectivo sobre el individuo, teoría definitiva mientras sea yo quien ocupe y gestione la socialización.. Procuro mudarme continuamente, más que por problemas de localización o preferencia, por dos motivos fundamentales: Cuando se está de paso, no se suele cambiar el mobiliario. Lo adapto a mi conveniencia, respetando únicamente aquello que siempre llevo conmigo: los iconos inmutables de la cultura revolucionaria, base necesaria y suficiente que guía con mano de hierro el sentido de mi existencia. La segunda razón es que soy un hombre de progreso. La innovación exige una completa dedicación y el sacrificio de lo cotidiano, de lo permanente... No entra en mis cálculos echar la vista atrás; el pasado siempre está a mi favor, pues es cambiante y sin comprobación directa posible.... Suelo utilizar cualquier técnica que se ajuste a mis propósitos más inmediatos, y no me duele recurrir a herramientas que justifiquen la consecución inapelable de mi causa común. El fin perseguido es infinitamente superior a los medios para conseguirlo; “yo no puedo quedarme sin casa, por lo tanto, tú tampoco”. Ahí reside la superioridad moral y cultural con que agasajo al electorado cuando viene a visitarme...


Mi casa es preciosa. Amplios ventanales, solariega y acogedora, con un cierto toque muy personal, incluso anárquico. He acumulado sin descanso vivencias y anécdotas de mi larga existencia, guardándolas con cariño en forma de álbumes de fotos en blanco y negro, de cuartillas amarillentas garabateadas con dibujos a lápiz y versos inconclusos, de libros..-¡cuántos libros!-.. inundando los estantes con palabras apretadas, comprimidas. Y de objetos, recuerdos palpables, algunos escondidos en los cajoncitos del viejo bargueño, otros colonizando rinconeras y mesas y cómodas y aparadores... Tengo un desván pequeñito, oscuro y olvidado, al que no recurro desde hace ya muchos años. En él guardo bajo llave los jirones de un traje mal cosido, retales deshechos de un pasado perdido en la memoria. No puedo evitar que haya rendijas en mi destartalado desván. Por allí se filtran emociones. A veces dejan la casa impregnada de melancolía. Otras, resbalan por las paredes pensamientos autoritarios y complejos de inferioridad que dejan los cuadros descoloridos y emborronados, tristes..Lo peor es cuando los prejuicios y la corrupción anegan mis cosas más personales, reinterpretando mis fotos y mis versos, contaminando mis libros y mis recuerdos...No me importa reconocerlo, hay cosas en mi casa a las que no les llega la luz. Procuro limpiar todo antes de que venga a visitarme el electorado, pasándoles directamente al salón, pero suelen insistir en que les enseñe toda la casa. De vez en cuando me sorprenden dormido, recostado cómodamente en la ignorancia del sueño profundo. Siempre acaban despertándome.

Salve de los Monteros.


Salve de los Monteros.

Dios te salve, Virgen de la Cabeza, Reina y Madre de Misericordia, que desde las solanas del Jándula, atalaya sois de las cumbres incómodas.

Vida, dulzura y esperanza nuestra en la grandeza de vuestro Altar serrano, que cierran en columnas de rocas enmontadas los peñones del Tamújar y del Rosalejo, sobre los azules retablos de Sierra Madrona.

Dios te salve, patrona de los viejos monteros.

A Ti llamamos, Señora de las pedrizas y de las umbrías, los desterrados hijos de Eva, que ven en Vos la luz inmaterial que ilumina los riscos.

A Ti suspiramos,, Patrona de los portillos y de las manchas, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas, que a tus pies dividimos para Tu patronazgo en estos valles del Estena y del Bembézar, del Bullaque y del Sardinilla, del Jándula y del Guadiana, que en el mapa de España mosaico son de Vuestra humilde ofrenda.

Ea, pues, Señora, Abogada nuestra; desde tu alto Santuario laureado y castrense, bendice aquellos suelos que tu mirar sencillo endulzó siempre. Y cierra, desde la áspera negrura de los Alarcones y el Contadero, hasta la sonrisa soleada de Valdelagrana y el Socor, el garabato femenino de tu bendición generosa.

Vuelve a nosotros esos Tus ojos misericordiosos, para que la fuerza de tu amparo se extienda a los lejanos alcornocales de Hornachuelos y de la Sierra de San Pedro; a los bravíos montes de Ciudad Real y Toledo; a las nieves de Pirineos y Cantabria, donde unos hombres de buena voluntad, adorando a la Creación entera, en Ti adoran a la más alta y tierna de las Criaturas.

Y después de este destierro, Virgen Santa de Andujar, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh, Clementísima!, ¡Oh, Piadosa!, ¡Oh, dulce Virgen María! Protege a cuantos aman las Soledades que te sirven de manto, y el aire puro que es corona de luz de tu Santuario.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar tus mercedes en el servicio de una caballerosa regla de intemperies, que ya condujo a Eustaquio el Romano, a Germán el Galo y a Huberto el de Aquitania, por la senda que lleva a gozar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

¡VIVA LA VIRGEN DE LA CABEZA!

Agustín de Foxá.

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Ahora, entre nosotros, por la paz de Dios, ahora, entre nosotros, se puede contar la verdad: ya hay fuerza para echar raíces, y bondad para hacerse viejo. Al fin hemos encontrado cosas en común, y al fin, un acuerdo y un credo, y ahora yo puedo escribir sin riesgo, y tú, también sin riesgo, puedes leer. G.K.Chesterton.