Primer Derecho Fundamental

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Los sábados, me apunto.

Queridos amigos monos.


Mi querido amigo mono: Ahora que ya perteneces a la raza humana, por obra y gracia del Gobierno de ZP, he de escribirte unas líneas. Me pesa, porque la emoción embarga hasta los recónditos tuétanos de los petrosenos superiores. Desde hace tiempo me pareciste una monada, pero hasta ahora no me había atrevido a confesarlo. Complejo de superioridad, supongo.

Prometo que desde ahora las cosas van a cambiar. Iremos de la mano conversando apaciblemente, y nos colgaremos de vez en cuando de las farolas. Te llevaré al ZOO y nos llevaremos un trozo de tu jaula, como símbolo de opresión finalmente derrotada. Haremos alegremente el gilipollas de forma progresista, ecológica y sostenida. Seremos tú y yo, al fin. Los nuevos "primer" y "segun" progenitores de una nueva raza de monhíbridos con derecho a pensión y seguridad social.

Sueño con ello, mi amol.

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He intentado tomar a mofa la iniciativa legislativa del Gobierno ZP, precisamente porque es absurdo el planteamiento de principio a fin. No hay, en absoluto, argumentación válida que permita elevar a ningún tipo de animal a la categoría de persona, por definición. Y como no es posible elevarlo, algunos intentan convencernos de que somos nosotros los que hemos de bajar a su nivel. Porque pretender establecer una comparación en términos correlativos es lo mismo que negar la humanidad del hombre.

Aunque parezca mentira, hay personas que creen que sería bueno que los simios fueran acreedores de Derechos Humanos. Se puede estar equivocado. Puede darse el caso que el cariño y compañía de una mascota obnubilen temporalmente la razón. Quizá tanto documental a la hora de la siesta, haga soñar con sabanas africanas. Y argumentan con pasión si el animalillo se mueve, siente, o hace puzzles con las patas. En realidad, subyace un profundo desprecio hacia sí mismos y a sus propias capacidades.

La contumaz persistencia por justificar esta estúpida iniciativa por parte del Gobierno me parece sospechosa. Al mismo tiempo, permiten la experimentación con embriones humanos, y no ponen ninguna traba al genocidio del aborto, en todas sus variantes. Afirman derechos humanos al mono mientras lo niegan a los no nacidos. Deforman la dignidad del hombre mientras se indignan porque no reconocemos al que creen semejante. Elevan unos, para denigrar a otros.

Sencillamente, esto es un paso más en la agresiva y radical estrategia contra la Vida.

Infidelidades.


En el periódico La razón de hoy hay un artículo espeluznante por su contenido. Parece ser que la marca de bebidas Nordick Mist encargó un estudio de mercado sobre la infidelidad entre las parejas españolas, para hacer una campaña publicitaria en la que el lema es "Sé infiel" a tu tónica de siempre.

El resultado de la encuesta es que un 46 por ciento de los encuestados admitieron haber sido infieles a su pareja. Las motivaciones de tal comportamiento en los hombres es "por cambiar", "por probar otras cosas", y en las mujeres, "por venganza", o por "sentirse solas". Desgrana el periódico varios resultados a las no menos asombrosas variaciones del cuestionario, en las que no voy a entrar, por higiene mental y porque no me da la gana.

Cuarenta y seis por ciento de palomos picoteando en palomar ajeno. Atragantándose de alpiste. Se dice pronto. Tanta libertad esconde ¡tantos! fracasos. Porque ante la tranquila y atemperada asunción de infidelidades (jaja, qué divertido), se esconden matrimonios descompuestos, hijos traumatizados y vidas destrozadas. Y la sociedad que entre todos hemos creado les rinde pleitesía. Son primeras figuras en los platós de televisión. Esbozan una sonrisa ante el compañero de trabajo, la amiga de la infancia o el interfecto/a con el que se van a enrollar, mientras se tambalean y hacen sufrir a sus respectivos/as y a los que vienen detrás.

Pues váyase usted a la porra, oiga.

Los Heraldos Negros.


Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o lo heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!


César Vallejo.

Las Sirenas sí existen.


Charlaba con mi hija Pilar, de seis años.

-Papá.. ¿Existen las sirenas?

-Pues... si te digo la verdad, hija, no, no existen.

(Silencio pensativo)

-Pero papá, tú no las has visto. Viven en el fondo del mar y no se dejan ver por nadie.

-Cariño, lo cierto es que ningún hombre las ha visto.

- Ya, pero es que las sirenas no son hombres y no se dejan ver. Sólo hay uno que puede haberlas visto: Jesusito. ¿No creó Jesús todo? Pues seguro que Él las creó como a nosotros o como a los angelitos.

- Mira, las sirenas como Ariel son fruto de un cuento, alguien que imaginó una historia donde existían otras personas con cola de pez en vez de piernas.

- A lo mejor ese señor no se las imaginó, sino que pudo verlas un día. Tú no lo puedes saber.

- No lo puedo saber, pero te garantizo que casi todas las pelis que has visto como Blancanieves o La Sirenita son cuentos imaginados por hombres.

- Pero como tú no puedes saberlo y Jesusito lo creó todo, yo prefiero pensar que las sirenas sí existen.

Datos impersonales

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Ahora, entre nosotros, por la paz de Dios, ahora, entre nosotros, se puede contar la verdad: ya hay fuerza para echar raíces, y bondad para hacerse viejo. Al fin hemos encontrado cosas en común, y al fin, un acuerdo y un credo, y ahora yo puedo escribir sin riesgo, y tú, también sin riesgo, puedes leer. G.K.Chesterton.