Primer Derecho Fundamental

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Los sábados, me apunto.

Ángeles en el aire




Hoy dejamos danzar a los ángeles. Hoy callamos diez minutos para dejar rezar a Wagner. Tristán e Isolda. Von Karajan. Jessye Norman.

Bienvenidos al cielo.

Puntos de inflexión.




Tenía 23 años. Recuerdo con claridad esa mezcla de novedad y juventud, como otra piel pegada al cuerpo. Dejar todo atrás y no volver la cabeza. Empezar de nuevo. Tener la vida por delante. Una conversación telefónica transoceánica. Una promesa de alojamiento en el sofá de un piso compartido. Mochila a la espalda, billete de avión y todo lo conocido queda atrás, en la seguridad de la costumbre.

Aeropuerto de Singapur, amaneciendo. Andar por la pulcra, brillante terminal buscando la puerta para el nuevo embarque. Ocho horas hasta el próximo vuelo. La mirada de reojo del funcionario mientras sella el pasaporte. Metro, dirección Orchard´s Road. Humedad hasta en los noodles. Aire acondicionado para escapar del agua y el calor irrespirables. Vuelta a la terminal. Un cigarrillo en el único cuarto donde se podía fumar en el aeropuerto, repleto de ejecutivos chinos.

Y la cabeza hirviendo de preguntas sin respuestas. Y el corazón lleno de aventuras.

Salir a cenar.




Ayer, viernes, salimos a cenar mi mujer y yo. Bien, cierto es que un comentario así no tendría ninguna trascendencia para el más común de los mortales, pero aquellos que hemos formado una familia numerosa sabemos lo difícil que resulta tener tiempo para los dos. No crean que me quejo. Sencillamente, es la vida que hemos elegido, en la que hemos tenido tiempo de sobra en ponderar nuestras prioridades.

Fuimos a un restaurante asiático, de esos que edulcoran la comida para adaptarla al gusto occidental. Comprendo perfectamente que sea así, porque recuerdo cuando viví en las antípodas que la comida de los restaurantes chinos, birmanos, indonesios, vietnamitas y japoneses eran de una peculiaridad inquietante. Mi paladar, poco acostumbrado a las especies y texturas asiáticas, se jugó el tipo entre bambúes y gelatinas irreconocibles. La serpiente está rica, el cocodrilo sabe a pollo y el canguro es una carne dura como el pedernal.

Lo pasamos muy bien, cogimos aire, acabamos tomando el postre (tarta de chocolate) sentados en los cómodos butacones de un Starbuck´s, y soñamos proyectos futuros.

La información.




Como muchas personas del mundo mundial, utilizo el ordenador para trabajar, organizar fotos, llevar la agenda al día, oir música y conectarme a Internet, por apuntar unas cuantas tareas.

Hoy mi portátil, por alguna razón indescifrable, no arranca. He probado un montón de truquitos, estratagemas y depuraciones varias y he de decir, sin lugar a dudas, que el puñetero portátil, con winekispé a la cabeza, se ha pitorreado de mi ímprobo esfuerzo. Alá lo confunda. Y al Bill Puertas, con su sistema operativo "ventanas", también, de paso.

Menos mal que queda el ordenador de sobremesa. Aunque estaría bastante más animado si hubiese hecho un backup hace nada, en vez de hacerlo hace seis meses. Tendré que recurrir a la ayuda profesional del vecino del 4º.

Ahora en vez de poseer cajas fuertes, tenemos jeroglíficos embutidos en discos duros. Las cartas de amor guardadas en una caja de zapatos en lo más profundo del armario se han convertido en carpetas y archivos .txt. Las fotos personales, en jotapegé, y la música, en emepetres.

Habrase visto tamaña horterada y falta de educación.

Y yo sin recuperar mis datos.

Un minuto de silencio.




Un minuto;
pequeño lapso de tiempo.
Intenso
o suave como un pedazo de cielo;
donde caben tus cosas y las mías,
(amores, deseos, recuerdos),
en el secreter de nuestros secretos.

En este hermoso silencio;
en este preciso momento,
voy a llenarte de besos.

La espera.


Según voy adentrándome en el bosque, la rutina diaria se diluye y dispersa, como si la bruma de la madrugada dejase paso a un nuevo amanecer. Voy andando despacio, disfrutando del rumbo errante de mis pasos. Mi equipaje es liviano: apenas un trozo de pan con queso y una bota de vino medianeja, una navajilla heredada y un trescuartos raído que me sirve de abrigo.. y a veces de manta.



Brotes arrancados y un surco de paso que corta en dos la uniformidad del bosque..

Buen sitio para la espera.

Locos bajitos.




Decidme, locos bajitos: cuando la alegría no os cabe en el corazón, y en vuestros ojos espejean luces de estrellas... ¿sabéis qué piensan vuestros padres?

Lo estúpidos que fueron cuando les parecía imposible negarse a sí mismos.

Carros de fuego.




Lucha, entrega y sacrificio. Meritocracia y sana competitividad. Valores que en la educación para la idiociadanía no aparecen ni por asomo. La izquierda siempre ha usado la educación, no para fomentar la igualdad de oportunidades, sino para igualar a todos en la incompetencia.

De la nefasta LOGSE, cuna de indocumentados y provincianos de toda índole y condición, pasamos ahora al desarrollo de la Educación para la Ciudadanía: primero destrozamos la cultura común; luego, cualquier rastro de humanidad en las aulas.

Necesitamos carros de fuego, y nos obligan a arrastrar carretas de fango. Ya ni siquiera disimulan.

Perdido.




Hay un lugar escondido en una sierra del Norte de España al que suelo acercarme siempre que la ocasión lo permite. Abarca unas 5000 hectáreas de robles, hayas y pinos, en frondosa discontinuidad. Cada valle es una sorpresa única e irrepetible, cada senda una invitación a explorar siempre más allá. Tienen nombres sus recodos: la Fuente del Charco, cuya agua proviene de los remotos y serpenteantes vericuetos del subsuelo montañoso; el Haya del Búho, centenario árbol hueco, enclavado en la cúspide del bosque, dominando desde sus ramas ya secas el latido silencioso del valle; las Lagunejas, islas de reposo para los jabalíes y corzos que pueblan las angosturas, susurrando querencias nocturnas; el Roquedal del Musgo, el Camino de las Caballerías, el Sendero Viejo, el Roble Blanco...

No soy una mercancía.




Soy rentable.

Para aquellos que me tratan como a una mercancía, soy rentable. Venden cincuenta millones de unidades al año en el mundo, y mi precio es como el de la consola Playstation. Un negocio cuyas multinacionales se reparten por todos los continentes, y cuyo valor añadido es codiciado por los países más industrializados.

-Contribuyo a reducir la inmigración.
- Contribuyo, asimismo, a reducir los problemas económicos o psicológicos de los ciudadanos de un país, o al menos, a no aumentarlos.
- Me consideran un factor esencial en una correcta planificación demográfica.
- Soy tan importante que puedo llegar a ser un problema estratégico y político para algunos países.
- Soy objeto de intercambio por el Banco Mundial para reducir la deuda externa de los países pobres.
-Estoy en el centro de las investigaciones más rentables e importantes para el futuro; de hecho, muchos me consideran la materia prima esencial.

¿Cómo es posible que todavía haya gente que me trate como un objeto de intercambio, una mercancía al por mayor, o una estrategia política? Soy una persona, no un esclavo manufacturado con precio final.

Superventas.



Hasta ahora, se han vendido más de 1.500.000 de ejemplares en los países donde se ha editado. En España, la editorial La Esfera de los Libros ha sacado la primera remesa de 50.000 y se han agotado el primer día. Otros treinta mil llegarán en breve a las librerías, y no dará tiempo ni a colocarlos en los estantes.

Juan Antonio Martínez Camino, portavoz de la CE, ha dicho que se trata de "un libro muy serio y riguroso, pero muy inteligible que nos ayudará a aproximarnos a la figura histórica y de fe de Jesús".

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Desde luego, estoy deseando leerlo. El Papa Benedicto XVI aúna como nadie las dos ciudades "De civitas Dei" de San Agustín, siendo un verdadero placer cómo explica desde la sencillez de sus palabras conceptos complicados. Nadie como él ha sabido entablar conversaciones al máximo nivel con pensadores, filósofos y teólogos de nuestro tiempo, desde la razón, para anunciar el mensaje de Cristo.

Azaña proclamaba en 1936 que España había dejado de ser católica. Muchas personas piensan así, pero en realidad expresan un deseo que, para su desgracia, las ventas de este libro desmentirán con rotundidad. Como tantas veces ha pasado en ocasiones precedentes. Igual que Azaña, o el relativista espontáneo que tenemos de Presidente del Gobierno, Zapatero, habrá que recordarles que luchan contra Pedro, La Roca, y que las puertas de sus ideologías no prevalecerán frente a una institución milenaria fundada por Jesús.

El título del libro es demoledor: Jesús de Nazareth; añado: el Dios Vivo, la persona más importante de la Historia.




Dijo la celosía: apóyate en mí; dame alegría. He sido árbol, madera, trozo afilado en los sueños de un ebanista. Puedo instruirte en las cosas del mundo. Tamizaré los rayos de sol para que no te quemen y te protegeré de la lluvia y los días de viento. Cuando llegue mi hora, me cubrirás completamente con tu verde manto y me enterrarás entre tus hojas.

Y la enredadera asintió, callada, desplegando sus ramas. Crecería a su sombra hasta hacerse densa y fuerte. Y al llegar el momento, tejerá con sus raíces el sepulcro de la celosía.

Allá, en lo más profundo de su corazón.

Ponte la casaca y enharina tu cara..




ridi, Pagliaccio, e ognun applaudirà!
Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto;
in una smorfia il singhiozzo e il dolore…

(¡ríe, Payaso, y todos aplaudirán!
Cambias en chanzas el dolor y llanto;
en burlas los sollozos… )

Ni replicantes.





Si al menos hubiera sido un replicante de Blade Runner, podría haber visto el choque de constelaciones más allá de Orión. Podría huir como un fugitivo, esperando construir de nuevo mi vida fuera de la galaxia. Podría buscar y reencontrarme con mis progenitores para preguntarles por qué.

Pero yo no aparezco en películas de ciencia-ficción. Soy real, y me llaman nasciturus.

Ejército de sueños.





Yo pensando en mí.
Importándome tanto que no tenía hueco para nadie.
Tú para ti.
Hasta que bailamos a la sombra del árbol de Joshua.
Con o sin ti.
Y fuimos como dos sarmientos crujiendo en llamas.
Nada sin ti.
Ahora somos voluntarios en un ejército de sueños.

Horas muertas.




Este es el árbol que me ha estado protegiendo del sol en mi tiempo de lectura.

Miro hacia arriba y escudriño sus ramas. No sólo me cobija a mí. Apenas oculta la actividad de numerosos gorriones persiguiéndose divertidos. Alguna paloma despistada oteando el horizonte.

Me he llevado tres libros en un alarde de optimismo, como si las horas pudiesen alargarse a voluntad. En realidad, me ha dado tiempo sólo a uno, “La ciudad de la luz”, cuyo autor es Jesús Sánchez Adalid. Interesante.

Para una familia numerosa, las horas, como casi todo, dependen de la dictadura de los débiles.(Ya hablaremos de ello otro día)

Alguna vez -principios de verano-, cuando se acerca la hora de la merienda, recogemos los piñones y nos damos un banquete. Primero, vamos a la caza del piñón. Luego, a por las piedras. Los niños se arremolinan alrededor del montoncito de piñones con sus piedras de todos los tamaños y formas, cada uno eligiendo la que consideran adecuada a sus manos. Los mayores ya saben cómo utilizar sus herramientas. Golpean diestramente con la cara plana de la piedra y los piñones se parten dejando a la vista la carne blancuzca y suave.

El tercero, de dos años, aún no tiene la suficiente habilidad para hacerlo él sólo. Sin embargo, se empeña en coger la piedra (sin suficiente peso para resultar eficaz) y, absorto en su cometido, la lanza contra la cáscara imitando a sus hermanos. Tú ya sabes que puede hacerse algo de daño pillándose un dedo y le avisas, pero esperas. El continúa tercamente aplastando sin fuerza el piñón, hasta que se enfurruña y pierde la paciencia. Entonces te mira, y pide ayuda con sus ojos azules. Es entonces cuando va papá, el conseguidor, a enseñarle cómo partir los piñones.

Y papá no sabe si quiere que su hijo aprenda, para que pueda pedirle él con sus ojos azules tantas veces cuantas quiera, que le ayude.

¿Por qué el sol hace girar a los girasoles?





Dime porqué los niños pequeños no dicen mentiras y los amantes se regalan flores. Dime, amigo, quién es el que ha puesto cara al reverso de la luna y ha teñido mi otoño de colores. Dime, mientras sigo mi camino, quién ha detenido por un instante el amanecer y ha plantado en el mar un millón de soles. Y dime porqué esta hermosa quietud y el silencio hacen que mi alma desee cantar canciones.


No te apures,
yo te diré quién es el director y porqué somos espectadores.
Lo que respiras en el camino es la belleza,
y la belleza, amigo mío..
es un guiño de Dios a los hombres.

Datos impersonales

Mi foto
Ahora, entre nosotros, por la paz de Dios, ahora, entre nosotros, se puede contar la verdad: ya hay fuerza para echar raíces, y bondad para hacerse viejo. Al fin hemos encontrado cosas en común, y al fin, un acuerdo y un credo, y ahora yo puedo escribir sin riesgo, y tú, también sin riesgo, puedes leer. G.K.Chesterton.