Primer Derecho Fundamental

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Los sábados, me apunto.

Canción de cuna para Pilar.



Hay tambores en tus ojos azules, Pilarcita,
y cometas de viento jugando en tu pelo,
y en la orilla preciosa de tu sonrisa
luciérnagas brillantes alzando el vuelo.

Ahora que nos envuelve la noche en su manto, niña mía,
y estrellas son ángeles custodios del firmamento,
me hablarás de cómo se ha portado contigo el día
y me pedirás por favor que te cuente un cuento.

Yo leeré para ti hasta que te duermas, hija mía.
De mi boca saldrán princesas y dragones de fuego,
y un apuesto príncipe a caballo que te recite poesías
en caso que una pesadilla, quisiera arruinar tu sueño.

He encerrado para ti las sirenas, dejándolas cautivas.
He pactado con los árboles que no permitan aullar al viento.
Me ha prometido el lucero del alba que, si te quedas dormida,
va a despertar, bajo tu ventana, un mundo de colores traviesos.

Así, sin darte cuenta, vas quedándote poco a poco rendida.
Tus párpados juegan al juego de ser el escondite perfecto.
Susurro mis últimas palabras. Mis dedos, en rítmica melodía,
tamborilean en tus mejillas, antes de darte un beso.

Apago la luz, y cierro el libro de tapas amarillas;
conjuro al mago azul, para que prepare su mejor ungüento:
será una pócima, un fabuloso hechizo que nos hechizaría
para quedarnos tú y yo, juntitos, congelados en el tiempo.

Dicotomía.



Aquí la rutina de las cosas; el presente maldecido. Los hábitos que derrotan al más sagaz de los hombres, y le adormecen en un estado de abandono. Él espera que le ocurran cosas, sin importar su naturaleza, pues el cambio le fortalece el ánimo y sustituye la voluntad; es el recurso amable de la adaptación, irrenunciable, porque en ello le va la vida, por muy indolente que transcurra. A veces sueña con sujetar las riendas, y aullar como vencedor de la muerte, pero al cabo, recurre a esconder su rostro entre las cálidas sábanas de la indecisión. Allí, acurrucado, se consuela mirando de reojo al futuro, jugando a los dados de la fortuna, y esperando que una vez más le sonría o le maltrate, para acomodar la postura a condición, y volver a dormir plácidamente las horas que le restan.

Sin embargo, él piensa que debe haber ahí algo oculto, y sueña en descubrirlo; todo el mundo esconde algo, si no para beneficio propio, para que un día alguien pueda encontrar aquello por lo que ha sido escondido. No es necesario explicar aquí la búsqueda, salvo en sí misma; pues el objeto buscado no tiene trascendencia más que en el final del camino, y siempre lo encontrado será una pista o medio para llegar a aquello; una etapa más para llegar al final o al principio. Apenas podemos percibir el premio o su magnitud, pero imaginarlo resulta placentero. Es poniendo en marcha nuestro ser, empeñando energías, voluntad, tiempo, como logramos avanzar, y es a través de la acción y movimiento por lo que nos trasladamos a lugares que antes nos parecían inalcanzables.

Y así pasan los minutos, las horas y los días; en la dicotomía circular de lo que se hace y lo que se piensa. Algunos convierten tal bifurcación de la personalidad en arte, y como tal lo cultivan esperando que sus consecuencias, el fruto de los hechos, les sorprendan favorablemente cuando acabe su tiempo.

Razonamiento Teológico.



Miguel, -5 años-, con sus ojos azules exigiendo respuestas..

Papá, si Dios con una palabra suya puede salvarnos..
¿Qué pasará cuando nos diga una frase enterita?

Me olvido



A veces, con el huracán de fondo
de este mar embravecido,
me olvido.

A veces, cuando todos hablan y ríen,
y nadie imagina cómo te he querido,
me olvido.

A veces, necesito con urgencia saber de ti.
Pero me contengo.. y me obligo
a no revivir de nuevo la tortura;
a maldecir el día en que la fortuna
me permitió haberte conocido.

A veces olvido;
pero cuando llego a mi cuarto vacío,
ya no queda nada.. y me castigo,
escribiendo palabras y frases absurdas,
porque no puedo ahuyentar la locura
de intentar olvidar que te he perdido.

A veces, cuando roto por el cansancio
parece, ¡al fin!, que te has ido..
me olvido.

Como yo.




Hoy has dibujado con el lápiz un gran árbol gris en tu cuaderno.
Y como es otoño, has pintado las hojas cayendo suavemente..

¡Qué bonito, hija!,

..y tú me has contestado sonriendo, mientras señalabas el árbol y las hojas grises:

¡Es como tú, Papá!

Sí, hija mía, como yo...

Crisis.


Romance del Tesoro.



Amábamos sin darnos cuenta.
Tú decías que estábamos cautivos
en una enorme isla del tesoro.
Èramos como cazadores furtivos
acechando la pasión como presa.
Rehenes de nuestro juego prohibido
huíamos de todas las consecuencias
por el puro placer de sentirnos vivos.

Y un día, cayó la noche;
y una noche, sin hacer ruido,
se llevó en silencio tu rostro
y cambió de golpe mi destino.
El fruto que yo llevaba,
cómplice de nuestro cariño,
apartó tu amor de mi vida
y aclaró en verdad lo vivido.

Ayer también cayó la noche,
pero hoy ya ha amanecido,
y aunque anduve errante,
triste, sola por mi camino,
encontré de nuevo el amor
en la frágil figura de un niño.

Y veo ahora mi decisión..
¡Mira en quién se ha convertido!
Aquella isla del tesoro
en que tú y yo estábamos cautivos
sigue siendo una promesa
que sólamente yo he cumplido:

no hay mayor tesoro para mí
que ver crecer a mi hijo.

Perfecto.



Me he quedado sentado en el porche de mis sueños, balanceándome en el columpio de madera, mientras violines de agua repicaban sus notas en las escaleras. Le he pedido a Dios que me concediese el favor de que ese momento fuese perfecto. Y mientras esperaba Su respuesta, has pasado tú corriendo bajo la lluvia, empapada de vida.

Por un momento perfecto, me he quedado sentado en el porche de mis sueños.

Boomp3.com

Datos impersonales

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Ahora, entre nosotros, por la paz de Dios, ahora, entre nosotros, se puede contar la verdad: ya hay fuerza para echar raíces, y bondad para hacerse viejo. Al fin hemos encontrado cosas en común, y al fin, un acuerdo y un credo, y ahora yo puedo escribir sin riesgo, y tú, también sin riesgo, puedes leer. G.K.Chesterton.