Primer Derecho Fundamental

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Los sábados, me apunto.

Tú y yo.



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-Señor Dios, aprovechando que estoy malito, quisiera abarcar el mar con mis brazos. Podría repartir gotitas de sal a todos los que lloran; quizá así sus lágrimas, cuando resbalen por sus mejillas hasta la comisura de los labios, sean como agua de azúcar. Pero claro, entonces ya no podríamos llorar con ganas cuando tengamos porqué hacerlo; sería cuanto menos, empalagoso. Imagínate, llorar por un amor perdido no podría ser lo mismo. Y cuando te das un golpe, o lloras de dolor, ira o rabia, sorber se me antoja desagradable. Incluso llorar de alegría sería insufrible y de mal gusto.

-Señor Dios, aprovechando que estoy malito, no se te ocurra tomar en consideración lo que te pida.

Gripe.




Tengo un trancazo de aúpa.

No sé quién me ha pegado la gripe, pero empiezo a sospechar de la portera. De forma sigilosa, se ha acercado por detrás como una sombra mientras recogía las cartas del buzón y, dándome un susto de muerte, ha preguntado si me encontraba bien.

¿Por qué habría de encontrarme mal? -No, es que está todo el mundo afectado por la gripe. Es bueno vacunarse. - Sí, desde luego, es muy aconsejable, Dorita. - Sepa usted (me espeta mientras agita un pañuelo blanco en la mano) que yo me vacuno siempre, siempre; una, a mi edad y viuda, tiene que estar preparada para todo. -Es usted muy prudente, Dorita; y muy competente en su trabajo: fíjese que ni la he oído acercarse. - Pues ya ve usted, haciendo mi trabajo. - Buenas tardes. -Buenas tardes y cuídese.

Eso fue ayer. Hoy por la mañana empecé con el moquillo y los estornudos. Ahora ya tengo fiebre, sudores y calambres. Me encuentro poseído de ese letargo febril que antecede al sueño, con los oídos taponados, una fuente en la nariz y ese típico carraspeo irritante en mi pobre garganta.

En la próxima Junta de Vecinos propondré una moción para elevar a la portera al rango de pitonisa y vidente. O puede que la denuncie por ser portadora de armas de destrucción masiva. Demasiados indicios: el aviso, el pañuelo agitándolo en mis narices, haberse vacunado... más parece una estrategia premeditada para sumir el Bloque en un caos, en venganza por no haberle subido el sueldo en un 12 por ciento.

¡Ay!.. pero qué malito estoy y que poco me quejo...

Día de bichos.



Este fin de semana lo hemos pasado en la Ciudad de las Artes en Valencia, viendo arquitectura y muchos bichos. Bichos de todos los tamaños y colores que, para más inri, nadaban. Así es como cataloga sabiamente mi hijo Nacho a todas las clases de peces que ha visto en el Oceanográfico de Valencia.

Pasaba un tiburón por encima nuestra en los tubos submarinos, y él gritaba: bichoooo. Palmeaba un pingüino en la zona del Ártico, y él lo señalaba diciendo: bicho, bicho. Con las rayas, las morenas, el pez del fondo del acuario y el cangrejo australiano, decía lo mismo.

Hasta que llegamos a la exhibición del estanque de delfines. Había unos monitores con traje de neopreno que nadaban al son, en estudiada coreografía, cuando una hermosa monitora pasó por delante nuestro animando al público. Nacho, señalándola triunfante, gritó con cara de asombro:

¡Bichooooo!!...

La vida sigue...



Hoy ha sido un buen día en el terreno profesional.

He firmado una obra que me "garantiza" al menos año y medio de trabajo por delante, aparte de las que actualmente están en fase de ejecución. Mi pequeña empresa de construcción se está haciendo grande, grande, y a mí lo que me apetece realmente es ser un albañil, un electricista, un carpintero, un pintor... (Cerrajero no hay más que uno), y no el que paga sus nóminas.

Mejor aún, un labrador concentrado en quitar las malas hierbas de su cultivo, sopesando las uvas cuajadas de mosto, o un agricultor desfilando entre sus naranjos y limoneros. Cada trabajo exige una responsabilidad adecuada a cada tarea, y la que está creciendo en mi vida diaria cada vez pesa más.

La responsabilidad hace libres a las personas pero, ¡coño!:¿cuándo libertad sin preocupaciones??

El mar y él.




Enano, juega con el mar ahora que está mecido por la brisa de la tarde; no esperes a que cambie y muestre su furor.

Aunque tú todavía creas que nada puede contigo.

Datos impersonales

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Ahora, entre nosotros, por la paz de Dios, ahora, entre nosotros, se puede contar la verdad: ya hay fuerza para echar raíces, y bondad para hacerse viejo. Al fin hemos encontrado cosas en común, y al fin, un acuerdo y un credo, y ahora yo puedo escribir sin riesgo, y tú, también sin riesgo, puedes leer. G.K.Chesterton.