Hoy he soñado que estaba solo. Hoy no existía nadie que no fuera yo, en ese paisaje desdibujado por la bruma. Los que hoy quiero, deambulaban ajenos a mi, y no eran más que un lejano recuerdo. Dios tampoco estaba allí, en mi particular infierno. Procuraba afanarme en mis tareas, pero todo se volvía repetitivo e incoherente. Llenaba mi vida de distracciones, emociones, experiencias que cumplían rápidamente con el objetivo de la satisfacción inmediata. Argüía cábalas y lógicas matemáticas. Filosofaba y delimitaba la ética de mis acciones y pensamientos. Mataba el tiempo con jeroglíficos indescifrables. Y nada podía cubrir la angustia de mi soledad completa. Ninguna realidad, por estructurada y convincente que pareciese, podía esconder el rostro de mi alma al contemplarme en el espejo, porque sólo eran mis ojos de hielo quienes devolvían la mirada. Hoy he soñado en mi soledad, la que no ama. La que alimenta mis ratos vacíos con el ruido de la lluvia en los cristales. La que señala con el...