Espectáculo de Amor.
Hace unos días asistí de nuevo al espectáculo de la vida. Mi hija Beatriz acababa de dar otro pasito en su evolución como miembro de este mundo nuestro, naciendo. Es inútil disimular el nudo en la garganta y las lágrimas en los ojos al ver tal explosión de vida, en el justo momento que el bebé sale del vientre materno; y sin embargo, en nada se diferencia por su naturaleza cinco minutos antes, ni cinco días, ni cinco meses. Tal criatura está y estaba allí, esperando llegar a la luz del mundo. A nadie puede dejar indiferente ser testigo de un parto, y mucho menos si la personita que está naciendo es tu propio hijo. La mezcla de emociones es muy intensa; se me hace complicado describir con palabras los minutos de lucha, dolor, amor y esperanza: mi mujer sudando, empujando, exhausta del esfuerzo, con su mano apretada entre las mías hasta la última contracción.. Y ahí mi hija, aterida de frío, recién nacida, llorando para respirar, respirando para vivir. Inmediatamente madre e hija se fund...