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Economía real.

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Perdidos en la jerga económica, conceptos como macro y microeconomía, P.I.B, T.A.E, I.P.C., no dejan de asaltarnos como fantasmas en una noche de tormenta. La "economía real", esa entelequia en boca de políticos y mandamases que cobran 10.000 euros al mes, ha perdido su significado para convertirse en parte de una retórica ajustada al uso diario, relativa según el momento y justificativa según lo que hayan publicado los periódicos por la mañana. La economía real es la suma de tragedias económicas personales de cada uno de los miembros que conforman la sociedad en que vivimos, y sus consecuencias. La economía real son el millón de personas que ha perdido de media más del 40% de sus ahorros en La Bolsa. Son los tres millones de personas (camino de 4.000.000) que han perdido su trabajo, sin esperanza de encontrar a corto plazo un empleo que les permita pagar sus facturas, con la temida hipoteca como atalaya de sus preocupaciones. Son los más de diez millones de personas que está...

Agenda

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Según transcurren los días, más rápido pasan los años. Mirar atrás en mi agenda es revelar de nuevo mis pasos, como huella en un camino de tinta, como pluma en una marea de trazos. Tengo separadas las fechas, recordatorios, cumpleaños, citas, notas, reuniones, teléfonos garabateados, y una foto tuya y mía, plastificada con mucho cuidado: no creí que llegase el día que pudiera haberla olvidado allí, en el fondo de la agenda.. allí, en el rincón más solitario. Por mucho que transcurran los días, por muy rápido que pasen los años, no puedo borrar lo ya escrito, no puedo cambiar el pasado. Me lleva una eternidad releer el año que está acabando. Las páginas de mi vida reducida a los apuntes de mi errar nostálgico: las luces que pálidas juegan con las sombras de días amargos; la lúgubre ironía de mi soledad, yo que estoy siempre acompañado. Hoy tengo (como ayer, como todo el año) la agenda muy ocupada, llena de páginas en blanco.

Espectáculo de Amor.

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Hace unos días asistí de nuevo al espectáculo de la vida. Mi hija Beatriz acababa de dar otro pasito en su evolución como miembro de este mundo nuestro, naciendo. Es inútil disimular el nudo en la garganta y las lágrimas en los ojos al ver tal explosión de vida, en el justo momento que el bebé sale del vientre materno; y sin embargo, en nada se diferencia por su naturaleza cinco minutos antes, ni cinco días, ni cinco meses. Tal criatura está y estaba allí, esperando llegar a la luz del mundo. A nadie puede dejar indiferente ser testigo de un parto, y mucho menos si la personita que está naciendo es tu propio hijo. La mezcla de emociones es muy intensa; se me hace complicado describir con palabras los minutos de lucha, dolor, amor y esperanza: mi mujer sudando, empujando, exhausta del esfuerzo, con su mano apretada entre las mías hasta la última contracción.. Y ahí mi hija, aterida de frío, recién nacida, llorando para respirar, respirando para vivir. Inmediatamente madre e hija se fund...

Como un pajarillo.

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No recuerdo la primera vez que te respondí. Sí sé, con toda seguridad, que ibas preparando el camino. Te aliaste con mis padres para ir allanando el terreno, y poco a poco, empecé a oír hablar de ti. También el círculo donde me desenvolvía ayudaba a buscarte. Pero no fue hasta que, en silencio, puse coto a todo lo que me habían dicho, y lo enfrenté a mi corazón. Allí, en lo más íntimo, fue cuando te diste a conocer y miré más allá de las palabras, más allá de mis costumbres y circunstancias; y desde entonces, soy como un pajarillo al que vas alimentando, miguita a miguita, con cuidado; probablemente porque mi pequeña alma podría atragantarse si me dieses una ración de más. Empecé a verte en la belleza de las cosas. Comencé a desentrañar los vericuetos por los que discurre tu economía. Aprendí a confiar en ti. Y tú me dabas exactamente aquello que necesitaba, aunque no coincidiera en absoluto con lo que yo había planeado. Y tú me diste, me diste, me diste a lo largo de toda mi vida, s...

Podéis verlo como yo.

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Ahí le veis, encorvado por el peso de los años; en una mano el bastón y en la otra un ramillete de claveles blancos. Ahí le estáis viendo, cómo camina trabajosamente entre el laberinto de mármol, flanqueado por un mar de cruces erguidas y cipreses melancólicos. Ahí está, ya ha llegado. Mirad cómo se quita el sombrero con respeto; ahora posa su mano en la lápida, y acaricia levemente la inscripción de la fría piedra; cómo quita el polvo, cómo deja a un lado en un pequeño jarrón de barro las flores frescas, sustituyendo las ajadas por el paso del tiempo. Mirad cómo susurra y reza, cómo dispone su frágil cuerpo para acomodarse un rato, a su lado. Recuerda los buenos y malos momentos que tuvieron que pasar juntos; pero sobre todo echa de menos los largos días en los que parecía que nada pasaba, pero todo ocurría. Esa rutina que los hizo indestructibles, en las que los defectos de cada uno se limaban, ajustaban como piezas sensibles de un gran mecano. Recuerda el principio, cuando todo era ...

Canción de cuna para Pilar.

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Hay tambores en tus ojos azules, Pilarcita, y cometas de viento jugando en tu pelo, y en la orilla preciosa de tu sonrisa luciérnagas brillantes alzando el vuelo. Ahora que nos envuelve la noche en su manto, niña mía, y estrellas son ángeles custodios del firmamento, me hablarás de cómo se ha portado contigo el día y me pedirás por favor que te cuente un cuento. Yo leeré para ti hasta que te duermas, hija mía. De mi boca saldrán princesas y dragones de fuego, y un apuesto príncipe a caballo que te recite poesías en caso que una pesadilla, quisiera arruinar tu sueño. He encerrado para ti las sirenas, dejándolas cautivas. He pactado con los árboles que no permitan aullar al viento. Me ha prometido el lucero del alba que, si te quedas dormida, va a despertar, bajo tu ventana, un mundo de colores traviesos. Así, sin darte cuenta, vas quedándote poco a poco rendida. Tus párpados juegan al juego de ser el escondite perfecto. Susurro mis últimas palabras. Mis dedos, en rítmica melodía, tambor...

Dicotomía.

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Aquí la rutina de las cosas; el presente maldecido. Los hábitos que derrotan al más sagaz de los hombres, y le adormecen en un estado de abandono. Él espera que le ocurran cosas, sin importar su naturaleza, pues el cambio le fortalece el ánimo y sustituye la voluntad; es el recurso amable de la adaptación, irrenunciable, porque en ello le va la vida, por muy indolente que transcurra. A veces sueña con sujetar las riendas, y aullar como vencedor de la muerte, pero al cabo, recurre a esconder su rostro entre las cálidas sábanas de la indecisión. Allí, acurrucado, se consuela mirando de reojo al futuro, jugando a los dados de la fortuna, y esperando que una vez más le sonría o le maltrate, para acomodar la postura a condición, y volver a dormir plácidamente las horas que le restan. Sin embargo, él piensa que debe haber ahí algo oculto, y sueña en descubrirlo; todo el mundo esconde algo, si no para beneficio propio, para que un día alguien pueda encontrar aquello por lo que ha sido escondi...