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Como un pajarillo.

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No recuerdo la primera vez que te respondí. Sí sé, con toda seguridad, que ibas preparando el camino. Te aliaste con mis padres para ir allanando el terreno, y poco a poco, empecé a oír hablar de ti. También el círculo donde me desenvolvía ayudaba a buscarte. Pero no fue hasta que, en silencio, puse coto a todo lo que me habían dicho, y lo enfrenté a mi corazón. Allí, en lo más íntimo, fue cuando te diste a conocer y miré más allá de las palabras, más allá de mis costumbres y circunstancias; y desde entonces, soy como un pajarillo al que vas alimentando, miguita a miguita, con cuidado; probablemente porque mi pequeña alma podría atragantarse si me dieses una ración de más. Empecé a verte en la belleza de las cosas. Comencé a desentrañar los vericuetos por los que discurre tu economía. Aprendí a confiar en ti. Y tú me dabas exactamente aquello que necesitaba, aunque no coincidiera en absoluto con lo que yo había planeado. Y tú me diste, me diste, me diste a lo largo de toda mi vida, s...

Podéis verlo como yo.

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Ahí le veis, encorvado por el peso de los años; en una mano el bastón y en la otra un ramillete de claveles blancos. Ahí le estáis viendo, cómo camina trabajosamente entre el laberinto de mármol, flanqueado por un mar de cruces erguidas y cipreses melancólicos. Ahí está, ya ha llegado. Mirad cómo se quita el sombrero con respeto; ahora posa su mano en la lápida, y acaricia levemente la inscripción de la fría piedra; cómo quita el polvo, cómo deja a un lado en un pequeño jarrón de barro las flores frescas, sustituyendo las ajadas por el paso del tiempo. Mirad cómo susurra y reza, cómo dispone su frágil cuerpo para acomodarse un rato, a su lado. Recuerda los buenos y malos momentos que tuvieron que pasar juntos; pero sobre todo echa de menos los largos días en los que parecía que nada pasaba, pero todo ocurría. Esa rutina que los hizo indestructibles, en las que los defectos de cada uno se limaban, ajustaban como piezas sensibles de un gran mecano. Recuerda el principio, cuando todo era ...

Canción de cuna para Pilar.

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Hay tambores en tus ojos azules, Pilarcita, y cometas de viento jugando en tu pelo, y en la orilla preciosa de tu sonrisa luciérnagas brillantes alzando el vuelo. Ahora que nos envuelve la noche en su manto, niña mía, y estrellas son ángeles custodios del firmamento, me hablarás de cómo se ha portado contigo el día y me pedirás por favor que te cuente un cuento. Yo leeré para ti hasta que te duermas, hija mía. De mi boca saldrán princesas y dragones de fuego, y un apuesto príncipe a caballo que te recite poesías en caso que una pesadilla, quisiera arruinar tu sueño. He encerrado para ti las sirenas, dejándolas cautivas. He pactado con los árboles que no permitan aullar al viento. Me ha prometido el lucero del alba que, si te quedas dormida, va a despertar, bajo tu ventana, un mundo de colores traviesos. Así, sin darte cuenta, vas quedándote poco a poco rendida. Tus párpados juegan al juego de ser el escondite perfecto. Susurro mis últimas palabras. Mis dedos, en rítmica melodía, tambor...

Dicotomía.

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Aquí la rutina de las cosas; el presente maldecido. Los hábitos que derrotan al más sagaz de los hombres, y le adormecen en un estado de abandono. Él espera que le ocurran cosas, sin importar su naturaleza, pues el cambio le fortalece el ánimo y sustituye la voluntad; es el recurso amable de la adaptación, irrenunciable, porque en ello le va la vida, por muy indolente que transcurra. A veces sueña con sujetar las riendas, y aullar como vencedor de la muerte, pero al cabo, recurre a esconder su rostro entre las cálidas sábanas de la indecisión. Allí, acurrucado, se consuela mirando de reojo al futuro, jugando a los dados de la fortuna, y esperando que una vez más le sonría o le maltrate, para acomodar la postura a condición, y volver a dormir plácidamente las horas que le restan. Sin embargo, él piensa que debe haber ahí algo oculto, y sueña en descubrirlo; todo el mundo esconde algo, si no para beneficio propio, para que un día alguien pueda encontrar aquello por lo que ha sido escondi...

Razonamiento Teológico.

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Miguel, -5 años-, con sus ojos azules exigiendo respuestas.. Papá, si Dios con una palabra suya puede salvarnos.. ¿Qué pasará cuando nos diga una frase enterita?

Me olvido

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A veces, con el huracán de fondo de este mar embravecido, me olvido. A veces, cuando todos hablan y ríen, y nadie imagina cómo te he querido, me olvido. A veces, necesito con urgencia saber de ti. Pero me contengo.. y me obligo a no revivir de nuevo la tortura; a maldecir el día en que la fortuna me permitió haberte conocido. A veces olvido; pero cuando llego a mi cuarto vacío, ya no queda nada.. y me castigo, escribiendo palabras y frases absurdas, porque no puedo ahuyentar la locura de intentar olvidar que te he perdido. A veces, cuando roto por el cansancio parece, ¡al fin!, que te has ido.. me olvido.

Como yo.

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Hoy has dibujado con el lápiz un gran árbol gris en tu cuaderno. Y como es otoño, has pintado las hojas cayendo suavemente.. ¡Qué bonito, hija!, ..y tú me has contestado sonriendo, mientras señalabas el árbol y las hojas grises: ¡Es como tú, Papá! Sí, hija mía, como yo...